jueves, 19 de febrero de 2009

Biomoléculas

Semana del 22 al 27 de febrero
En este video Ustedes
1) Ubicarán al menos tres molèculas orgánicas
2) Describir a que tipo pertenecen y su importancia del proceso
3) Concluir que moléculas estarán aportando energía
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martes, 10 de febrero de 2009

Célula

semana del 9 al 13 de febrero

Este video es sobre división celular, pero Ustedes comentaran acerca de los organelos que pueden ver y la función que lleva a cabo en la célula, al menos se observa Retículo endoplasmico, Aparato de Golgi, Mitocondria, Núcleo, Centriolo, Huso mitótico,

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jueves, 5 de febrero de 2009

LA NEUROCIENCIA REVELA LOS SECRETOS DEL AMOR

Semana del 2 al 6 de febrero
Distribuido por The New York Times Syndicate
En su elegía "Love´s Trinity", el poeta de la era victoriana Alfred Austin resume así el amor:
El alma, el corazón, y el cuerpo, que nombramos con una sola palabra
No son en el amor divisibles y distintos,
Sino que cada uno, con cada uno, están unidos de manera inseparable.
Pero ahora, los investigadores intentan aislar e identificar los componentes neurológicos y genéticos que subyacen en esa emoción que parece exclusivamente humana. Por cierto, los biólogos podrían pronto reducir ciertos estados mentales asociados con el amor a una cadena bioquímica de eventos. Eso tiene consecuencias para la evolución de la sexualidad humana, y plantea importantes tópicos para la sociedad, dado el uso de exámenes genéticos destinados a analizar ciertas conductas, y de drogas para modificar procesos mentales.
Los modelos animales han contribuido a nuestra comprensión de mecanismos que regulan las emociones, entre ellas el miedo y la angustia. Esos avances han conducido a terapias farmaceúticas para afecciones tales como la angustia, la fobia, y otras relacionadas con el estrés. Tales modelos también intentan ahora arrojar luz sobre el amor.
No estamos solos en construir intensos y perdurables vínculos sociales. Basta analizar el lazo entre la madre y el bebé. También existe entre los animales. Por lo tanto, es posible que esas relaciones obedezcan a mecanismos similares en el cerebro. Tanto en los seres humanos como en las ratas y en las ovejas, la hormona oxitocina es activada durante el parto y el amamantamiento. En la oveja, una infusión de oxitocina en el cerebro da como resultado un rápido lazo afectivo con una oveja que no es del rebaño.
Entre los mamíferos, lazos afectivos de largo plazo son raros. Tal vez sea regulado por los mismos mecanismos mentales como aquellos que hacen que una madre ame a sus hijos. Por ejemplo, el lazo afectivo entre un macho y una hembra de los ratones de las praderas, animales monógamos, es estimulado por la oxitocina liberada en el cerebro durante el acoplamiento. La hormona interactúa con el sistema de recompensa impulsado por el neurotransmisor dopamina. Eso es similar a lo que ocurre con drogas tales como la cocaína y la heroína, que producen en seres humanos euforia y adicción.
La noción de que los lazos afectivos entre parejas humanas podría haber evolucionado a través de un ajuste de los mecanismos cerebrales que subyacen en el cariño materno podría explicar algunos atributos únicos de la sexualidad humana. Por ejemplo, el deseo sexual femenino podría haber quedado desenganchado de la fertilidad, y el pecho femenino se habría convertido en un estímulo erótico para los hombres, al activar sistemas de lazos afectivos maternales.
Los lazos afectivos en los machos involucran similares circuitos cerebrales que en las hembras, pero diferentes senderos neuroquímicos. Por ejemplo, en ratones de campo machos, la vasopresina, una hormona vinculada con la oxitocina, estimula los lazos afectivos, la agresión hacia rivales potenciales, e instintos paternales. La variación en la región regulatoria del gene receptor de la vasopresina, el avpr1a, pronostica el lazo afectivo entre un ratón de campo macho y una hembra.
De manera similar, en seres humanos, diferentes formas del gene AVPR1A están vinculadas con la variación en los lazos afectivos de una pareja, y la cualidad de su relación. Un reciente estudio demostró que hombres con una variante particular de AVPR1A son dos veces más proclives a quedar solteros que hombres sin esa variante. Y en caso de que contraigan matrimonio, dos veces más proclives a sufrir una crisis conyugal. Y cónyuges de hombres con esa variante expresan más insatisfacción en sus relaciones que aquellos hombres que no tienen esa variante.
La idea de que el amor es una especie de cóctel de antiguos neuropéptidos y de neurotransmisores plantea importantes cuestiones para la sociedad. En primer lugar, en el futuro cercano podrían existir drogas que manipularían los sistemas cerebrales para fortalecer o disminuir nuestro amor por otra persona. Empresarios en la Internet están vendiendo productos tales como Enhanced Liquid Trust. Se trata de una mezcla de oxitocina y de feromonas en forma de colonia, "diseñada para dar un impulso a las relaciones" amorosas. Aunque tal vez esos productos lo único que hacen es dar un impulso a la confianza de los usuarios, hay estudios en Australia que intentan determinar si un rocío de oxitocina podría servir de terapia marital.
Ignoramos si drogas que se usan para tratar desde la depresión hasta la disfunción sexual afectan las relaciones de las personas al alterar la química de las neuronas. Pero tanto Prozac como Viagra tienen influencia en el sistema de oxitocina.
La posibilidad de que una variación genética puede influir en la calidad de nuestras relaciones amorosas tiene también sus implicaciones. Tal vez exámenes genéticos puedan en el futuro determinar si dos personas son compatibles emocionalmente. En ese caso, los resultados podrían ayudarnos a elegir el cónyuge perfecto. De todas maneras, recientes avances en la biología de los lazos efectivos significa que tal vez en poco tiempo más, un inescrupuloso pretendiente podría poner en una bebida una poción amorosa fabricada por una empresa farmacéutica. Y si lo hace ¿a quien le importa? Después de todo, el amor es algo cercano a la locura.
(Larry Young es un neurocientífico que estudia ratones de campo en el Centro Nacional de Investigación de Primates Yerkes, en la universidad Emory, en Atlanta